Si algún día, amor, dejas de amarme


te ruego que no me lo digas.


Déjame soñar durante un tiempo


en el limbo feliz de tus mentiras.




Si algún día, amor, dejas de amarme


a pesar de las promesas que me hiciste,


guarda silencio, no perturbes mi sueño:


ten piedad de este ser al que quisiste.




Pero no temas, yo sabré sin que lo digas


porque un acero helado invadirá mi pecho,


mi piel se desnudará de tus caricias


ynieve eterna tapizará mi lecho.




Mi retina ya no acunará tus juegos,


mi boca no pervertirá tu calma,


mi vientre ya no acogerá tu fuego


y en mi pelo sólo anidará la escarcha.




Y partiré de ti, dejando un rastro


de agua y sal, vinagre y miel, fuego y cenizas


por si un día despiertas y descubres

que a pesar de todo era amor lo que sentias.

Por eso, si algún día, amor, dejas de amarme yo tendré que afrontar mi derrota, la más dura, pero si coses tus labios con silencio me quedará, al menos ¡que remedio! el piadoso beneficio de la duda...





Lidia